Punto de vista

Javier Álvarez
Director de estudios multiclientes - Ipsos Marketing Perú
E-mail: javier.alvarez@ipsos.com
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Señor, aplaca tu ira

Las celebraciones de año nuevo fueron precedidas por un temblor ocurrido a las 9:45 de la noche. Fue el último sismo del 2016 con 4.4 grados de magnitud en la escala de Richter que remeció el departamento de Lima. Para los que estuvieron en los alrededores del epicentro (Mala), seguro no pasó desapercibido a pesar del ajetreo de la celebración, del ruido de los primeros fuegos artificiales y del volumen de la música. Los movimientos telúricos son eventos impredecibles con los que tenemos que vivir, son más frecuentes de lo que imaginamos y no será diferente este 2017.

De acuerdo a cifras oficiales, en el 2016 se registraron en el Perú alrededor de 400 sismos1. En lo que va del año −primeros 60 días− se ha registrado casi un temblor diario (58). Las estadísticas siempre son bienvenidas, y pueden incluso ser divertidas, para quienes gustan de las predicciones. Para ellos, algunos datos curiosos2. El 2001 y 2007 fueron los años en los que ocurrieron la mayor cantidad de sismos de la historia. Junio es el mes en que más se registran y setiembre cuando suele haber menos sismos. La mayoría de ellos han sido entre los 3,6 y los 5,8 grados de magnitud.

Un sondeo de Ipsos realizado a finales de diciembre de 2016 en la ciudad de Lima, da cuenta de algunos cambios positivos en términos de acciones preventivas por parte de la población, pero aún nos falta camino. En el 2014, el 20% de las amas de casa declaró tener una mochila de emergencia en sus hogares, este porcentaje aumentó al 30%. Por otro lado, un entusiasta 57% de limeños manifestó haber participado de simulacros en el último año, y la mayoría sabría dónde resguardarse en caso de estar dentro de un inmueble. Sin embargo, en la práctica, un 82% abandonaría la morada y saldría a la calle.

El sondeo también muestra indicios que preocupan respecto a la percepción que tiene la población sobre lo que le ocurriría a sus viviendas en caso de un sismo de gran magnitud. Para el 8% de los entrevistados, su casa/departamento quedaría intacta; para el 60%, su vivienda sufriría rajaduras pero se mantendría en pie, y para el 23%, se desplomaría o se destruiría parcialmente, en el NSE D esta concepción sube a 39% y en el E a 57%. Si se cumplieran estos pronósticos habría 560 mil viviendas derrumbadas en caso de un sismo de gran magnitud. Pero esta cifra, creería, podría ser mayor considerando que el 69% de viviendas en Lima fue levantada de a pocos y la mayoría de ellas sin los estándares de construcción adecuados. Este es el contraste entre la percepción y la realidad.

Cada vez que hay un fuerte remezón, nuestras alertas se encienden, se nos ponen los nervios de punta y algunos “entramos en trompo”. Los medios de comunicación hablan del tema por un par de días, la gente toma conciencia por un rato y luego todo se olvida. Asumamos el asunto en serio: está demostrado que con prevención se salvan vidas y no repliquemos la rutina de mi vecina −muy religiosa por cierto− que cada vez que se le mueve el piso exclama a todo pulmón “Señor, aplaca tu ira”, generando una histeria colectiva parecida a la que se obtiene si se grita “vamos a morir” en un vuelo con turbulencia.


Fuentes:

(1)Instituto Geofísico del Perú (IGP): Reporte de sismos – 2016 y 2017.
(2)Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS): base de datos de 7.168 sismos registrados en Perú desde 1921.

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